Mi infancia transcurrió rodeada de maestros, empezando por mi padre que era dueño de una escuela de comercio y esta se encontraba junto a la casa, por lo que yo crecí en sus pasillos, rodeada del cariño de los alumnos y alumnas de mi padre; ya que el era una persona muy apreciada en el pueblo, por haber sido muy altruista y el primero en llegar a Huixtla a formar una escuela de comercio; cuando solamente existían ahí primaria y secundaria; no por algo aparece su biografía en internet como uno de los hombres ilustres que llevo educación y deporte a una ciudad que no era la de él.
Y si a esto le sumo que tres hermanas de mi madre son maestras muy reconocidas por su labor docente, actualmente directoras de secundarias. Siento que esto me marco porque yo los miraba muy en alto por lo que la gente comentaba.
Cuando me entero que en la Universidad de Tuxtla había la carrera de pedagogía, le roge a mi madre que me permitiera venirme a estudiar para que yo pudiera apoyar a mi padre y hacer crecer la Academia promocionando otras carreras; cosa que logre; pero que tuve que abandonar por qué me case y a mi esposo le dieron una gerencia aquí en Tuxtla Gutiérrez. Estuve varios meses sin trabajar cosa que me desespero, pero gracias a Dios estaban promoviendo un plantel nuevo y me dieron la oportunidad de participar en este maravilloso proyecto, ya que es una tarea muy bonita, pero muy compleja; porque existen profesiones que puedes echar a perder y la misma profesión te da la oportunidad de enmendar; pero en educación no; ya que son sujetos con proyectos de vida; que no puedes decirle me equivoque o discúlpame te forme mal.
El ser docente de educación media superior a mí se me complico mucho al inicio, por tener hijos pequeños y una hija con crisis muy severas de asma; eso me orillo abandonar a la mitad de mi maestría. Precisamente en este momento estoy haciendo lo que deje inconcluso hace 11 años; porque he encontrado en la docencia la razón de mi existencia, y yo no me concibo fuera de ella. Lo que a mí me llena es el agradecimiento de mis alumnos, la transformación que logro en ellos, el verlos realizados en su profesión, en su trabajo o como esposos.
Lo más triste de esta profesión, es que no todos los docente pensamos, ni deseamos lo mismo, nos quedamos en el discurso de que todo, es siempre lo mismo; criticando al que se prepara, al que innova; en lugar construir un plantel con reconociendo para beneficio de la sociedad y el nuestro; claro está, que esto a mí no me tiene que limitar para que yo me siga preparando y aprendiendo de los demás.
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